Esta mañana me dispuse a realizar una encuesta callejera por las calles sevillanas del centro histórico de ésta, la "capital hispalense". Al igual que a nivel nacional, pude comprobar, con mis ojos y mi humilde micrófono radiofónico, que en este país no se lucha por la expresión. Es más, ni siquiera existe.
Puede ser que, en algún momento de la humanidad, existiese, desde que aparecieron los primeros diarios. Esos que se repartían en los pueblos o, simplemente, a través del boca a boca. Las noticias llegaban a oídos del más mísero campesino. Eso eran injusticia y, a la vez, justicia democrática.
¿Adónde hemos llegado? Me preguntaba esta mañana.. Cuando sacaba todos mis bártulos, dispuesta a guardar en mi pequeña grabadora las quejas, reclamaciones, injusticias, acuerdos, negociaciones, o, incluso, simples malestares hacia la jerarquía política.
Existe, sin embargo, un cierto desprecio, no muy palpable, hacia los medios de comunicación, y los periodistas no tenemos otra que poner cara de lástima, para conseguir aquello que nos dará, un día más, un trocito de programa, artículo o reportaje. Pero... Y, ¿si pensamos qué es lo que realmente buscamos? Investigando sobre la postura de los placeros, en cuestión de setas, metrosoles, etc... puede comprobar esa reticencia que, no disimuladamente, reflejan ellos mismos hacia sus propias opiniones...
Pregunté, incansablemente, si eran tan amables de responderme unas breves preguntas sobre un tema que les concernía directamente.. y sólo obtenía simples: no.. es que no me apetece, me pillas en un mal momento... Perdonen, pero, ¿un mal momento?
Un mal momento histórico también para gritar a los cuatro vientos sobre la libertad de expresión. Nosotros buscamos dar a conocer, y ellos, empeñados en que manipulamos. Esa imagen tan impresentable que tanto los políticos como los que le acompañan en la cima del estado, nos han hecho parecer. Unos pobres que con un microfóno, un bolígrado, una cámara y unas penosas palabras, pretenden modificar, manipular y estropear la opinión de los demás... Y luego resulta, que somos los que queremos ir después del tercero... Somos el cuarto poder y al final, el poder es lo que menos cuenta, porque los otros tres se encargan de estar sólo ellos en una cima que ellos han creado, para que a partir del tres, ya no haya más números.
Por esto, y por el desencanto que un periodista siente al sentirse rechazado por querer mostrar la realidad, pediría a todos los placeros que se pararan un momento y pensaran... Que si nosotros no les ayudamos, su palabra, su voz, no traspasará ese mercado y los otros tres poderes permanecerán allí, junto a ellos, contando cualquier chiste sobre la política de mercado.
Reflexionen, por favor.
Posdata: ahora te cuento
miércoles, 25 de agosto de 2010
viernes, 23 de julio de 2010
Un Stado completito

Cada mañana, cada español, cada ciudadano, cada individuo de esta nación, se levanta, y rehace un nuevo día. El sol que nos deslumbra por la mañana y que algunos, por suerte o sin ella, nos hace sonreír para sobrellevar un día, ya quisiéramos, políticamente correcto, no es el mismo sol que deslumbra a los políticos. Ellos alumbran cada día el Palacio de Congresos, alumbran los medios de comunicación, las calles de las ciudades, con los discursos, el protocolo, las buenas palabras y el saber estar.
Pero, ¿alguna vez se han parado a pensar que si toda esa sabiduría y esa corrección la usaran para comunicarse entre todos, esto no iría por tal o cual camino?
El debate sobre las nacionalidades que, raro es el día que no, se debate en las televisiones (con forma de caja) de todas las casas de esos que son llamados "los españoles", sí, sí, esos que acaban de ganar un mundial, la roja, los futboleros y los que no. Una unión que, como han descrito ciertos periodistas, ya quisiéramos mantenerla durante todo el año... Pues no. Mira. No es imposible, claro está. Pero en un país donde la corrección es de puertas "pa fuera", donde el protocolo es aplaudido por los dos o tres que se sitúan "detrás" del líder y donde, las buenas palabras quedan en el patio de sus casas, muy difícil sería, la verdad, comprender un país unido o desunido.
En España no hay nación, pero tampoco nacionalidades. Qué antigüedad, por dios. Frase más que repetida: ¡Estamos en el siglo XXI, señores! Y no lo parece, sobre todo, cuando las luchas "de boca" se trasladan al terreno político. Así acaba la gente. Embobada delante de una pantalla pixelada con frases "políticamente correctas y poca chicha parlamentaria".
Qué hacemos con las nacionalidades. Dilemas para ZP, y aburrimiento para los españoles que nada tienen que ver, y que no se sienten enmarcados. Nada nos alumbra, como decía al principio. Lo que sí parece estar bastante claro es que si nos hicieran una foto ahora mismo, saldrían muchos paisajes verdes, y los políticos en sus casas. El debate está fuera. No se laven las manos. Hagan más y digan menos, aunque sea, al menos, por los españoles, señores.
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