miércoles, 25 de agosto de 2010

Después del tercero...

Esta mañana me dispuse a realizar una encuesta callejera por las calles sevillanas del centro histórico de ésta, la "capital hispalense". Al igual que a nivel nacional, pude comprobar, con mis ojos y mi humilde micrófono radiofónico, que en este país no se lucha por la expresión. Es más, ni siquiera existe.
Puede ser que, en algún momento de la humanidad, existiese, desde que aparecieron los primeros diarios. Esos que se repartían en los pueblos o, simplemente, a través del boca a boca. Las noticias llegaban a oídos del más mísero campesino. Eso eran injusticia y, a la vez, justicia democrática.
¿Adónde hemos llegado? Me preguntaba esta mañana.. Cuando sacaba todos mis bártulos, dispuesta a guardar en mi pequeña grabadora las quejas, reclamaciones, injusticias, acuerdos, negociaciones, o, incluso, simples malestares hacia la jerarquía política.
Existe, sin embargo, un cierto desprecio, no muy palpable, hacia los medios de comunicación, y los periodistas no tenemos otra que poner cara de lástima, para conseguir aquello que nos dará, un día más, un trocito de programa, artículo o reportaje. Pero... Y, ¿si pensamos qué es lo que realmente buscamos? Investigando sobre la postura de los placeros, en cuestión de setas, metrosoles, etc... puede comprobar esa reticencia que, no disimuladamente, reflejan ellos mismos hacia sus propias opiniones...
Pregunté, incansablemente, si eran tan amables de responderme unas breves preguntas sobre un tema que les concernía directamente.. y sólo obtenía simples: no.. es que no me apetece, me pillas en un mal momento... Perdonen, pero, ¿un mal momento?
Un mal momento histórico también para gritar a los cuatro vientos sobre la libertad de expresión. Nosotros buscamos dar a conocer, y ellos, empeñados en que manipulamos. Esa imagen tan impresentable que tanto los políticos como los que le acompañan en la cima del estado, nos han hecho parecer. Unos pobres que con un microfóno, un bolígrado, una cámara y unas penosas palabras, pretenden modificar, manipular y estropear la opinión de los demás... Y luego resulta, que somos los que queremos ir después del tercero... Somos el cuarto poder y al final, el poder es lo que menos cuenta, porque los otros tres se encargan de estar sólo ellos en una cima que ellos han creado, para que a partir del tres, ya no haya más números.
Por esto, y por el desencanto que un periodista siente al sentirse rechazado por querer mostrar la realidad, pediría a todos los placeros que se pararan un momento y pensaran... Que si nosotros no les ayudamos, su palabra, su voz, no traspasará ese mercado y los otros tres poderes permanecerán allí, junto a ellos, contando cualquier chiste sobre la política de mercado.
Reflexionen, por favor.